miércoles, 5 de febrero de 2014

7 mesas de billar francés Review de la película

¿Para qué sirven los viejos?

7 mesas de billar francés de Gracia Querejeta (2007), nos cuenta como una mujer debe volver a reunir a los amigos del pasado tras la muerte de su padre para poner en marcha un local de billares. Las redencillas, los antiguos y los nuevo amores no tardarán en surgir.



Querejeta nos narra una historia de personajes, cargada de un realismo inusitado que te mete tanto en el argumento que un final cortante te despertará de la ensoñación para descubrirte que estás ante una obra maestra.

La película avanza sin perder el tiempo, a través de la vida de sus personajes, para descubrirnos que aunque todos tienen problemas, levantarse y seguir cuando una cae y enterrar el pasado es la única forma de continuar viviendo. Pero esto no implica que lo que venga después vaya a ser bueno. Esta incertidumbre queda reflejada en un final maestro, donde aunque tratemos de borrar el pasado, nunca podremos instaurar un futuro y a fin de cuentas eso es lo que importa, no saber que va a suceder. Maestro es, porque no nos encontramos ante un final made in Hollywood, feliz y cerrado, sino que abre las puertas a pensar lo que cada espectador quiera, feliz para los complacientes y dudoso para los amantes de las buenas historias.

La película, por si todavía no había salido a la palestra, es española y esto me sirve para contar una historia basada en hechos reales. Mientras nos encontrábamos decidiendo unos amigos y el que escribe que película ver, ellos optaban por ver El Orfanato. Las entradas estaban agotadas por lo que me dio por proponerles ver la película de esta crítica y a modo de experimento sociológico, se me ocurrió comentar con cierta malicia que la película era española. La reacción no se hizo esperar por parte de la mayoría del público: “¡¿Española?! Puff, el cine español es una mierda”. Hubo una ligera desbandada y reí para mis adentros porque, por si alguien no lo sabe, El orfanato es una película española (¡¿en serio?!).

Muchos tienden a pensar la frase tan roída de que malo es el cine español, sin pararse a reflexionar que gran parte del cine español que se nos vende publicitariamente no es el de las obras maestras que cada año pasan desapercibidas para el gran público o son reconocidas a destiempo. Pido, a mis dos o tres lectores, que por favor juzguen las películas individualmente y no por su nacionalidad, cosa que suele ser accesoria para el resultado final de un filme. No todas las películas españolas tienen escenas de sexo sin sentido ( esto puede cargarse a los pocos adeptos al cine patrio).

Antes comentaba que esta es una película de personajes, y no suele haber personajes sin actores y da la casualidad que estos hacen una función espléndida. A la cabeza de todos, encontramos a Blanca Portillo, que suma, sigue y demuestra el estado óptimo de forma en que se encuentra. Interpreta a una mujer con un pasado que se nos muestra oculto, maltratada por los acontecimientos y por que ella misma se hunde bajo la premisa de que todo es culpa de los demás y por consiguiente la ayuda de estos es innecesaria. Junto a ella tenemos a Jesús Castejón, un ex amante y amigo que se sacrificó de nuevo por los acontecimientos en pos de la amistad y que ahora busca el amor de Portillo. Olvidado por ella, él se muestra en un papel sumiso, recibiendo los golpes e intentando tirar del carro a partes iguales. La sorpresa la encontramos en la aparición estelar de Amparo Baró, que nos devuelve la nostalgia a esa gran serie que fue 7 vidas y nos brinda la oportunidad de volver a ver a las dos actrices juntas, como madre e hija. Su papel de anciana deseosa de ir a la residencia, aporta un toque de ternura y humor que aumenta la empatía con la narración.

Maribel Verdú cumple, pero queda muy pequeña al lado de Blanca Portilla. Su hijo en la ficción sin embargo, está sobresaliente, con una actuación muy realista y con una función obvia: el niño y el espectador son la misma persona y a través de él y su supuesta inocencia, vamos descubriendo las relaciones de los demás personajes; o tal vez no, por que eso son “cosas de mayores”.

Y por supuesto, el resto de secundarios que conforman el plantel, encabezados por Raúl Arévalo, que es uno de los mejores actores españoles de la actualidad, recrean una unión generacional posible y existente que se aleja de las teorías de la separación que muchos nos han intentado o han conseguido inculcarnos.

En fin, tanta empatía se desprende de los personajes que deseas que la película dure dos horas más.

La técnica además no es nada discreta, cargada de travellings que quedan muy llamativos, tanto los de las personas como los de las mesas de billar, encuadres de una gran expresividad y cortes ágiles. Y por si no fuera poco, tiene una fotografía excelente que puede contemplarse, en mayor medida, en las escenas de Vigo. Todo ello nos muestra una España que se aleja del arquetipo que una gran parte del cine español se empeña en mostrar.

El realismo de una historia original pero posible, cargada de misterio, con unos personajes en los cuales podemos identificarnos de verdad, o identificar a algún vecino, con toques de humor en una narración que no tiene prisa pero tampoco contemplaciones, hacen de 7 mesas de billar francés, una obra maestra.

Pero en serio ¿Alguien puede decirnos para qué sirven los viejos?

0 comentarios:

Publicar un comentario